Trastornos del ánimo

Los trastornos del ánimo también son conocidos como trastornos del humor o trastornos afectivos. Por estado de ánimo podemos entender la tendencia básica de un ser humano constituida por aspectos emocionales e instintivos que dotan su vivencia de una tonalidad agradable si se inclina hacia el placer o desagradable si lo hace hacía el dolor o el sufrimiento. Se expresa mediante gestos y expresiones faciales y corporales. En los estados depresivos el ánimo parece estar encadenado al sufrimiento sin posibilidad de desligarse de él.

La depresión no es solo un trastorno de la sociedad actual. Pueden encontrarse referencias a la depresión en textos de muchas épocas. Ya Hipócrates en el siglo VI a.C. hablaba de melancolía refiriéndose a los trastornos afectivos y atribuyéndola a un exceso de bilis negra y flema.

Actualmente una de cada 5 personas sufre o ha sufrido algún trastorno depresivo. Unos 300 millones de personas están afectadas por esta enfermedad mental en todo el mundo. La OMS indica que en España puede afectar a 2 millones de personas. España es el cuarto país europeo con más casos, por detrás de Alemania, Italia y Francia.

Ha habido distintas formas de categorizar los trastornos depresivos (depresión endógena frente a reactiva, depresión psicótica versus neurótica), pero según la clasificación más aceptada actualmente los trastornos afectivos pueden dividirse en dos tipos:

 TRASTORNOS MONOPOLARES (sin presencia de manía o hipomanía)

Trastorno depresivo mayor

Caracterizado por la presencia durante al menos dos semanas de una intensa sensación de desesperanza, de apatía generalizada y de pasividad junto a la pérdida de interés por casi todas las actividades, así como de la capacidad de disfrute. Junto a esos síntomas centrales suelen darse otros, como la pérdida de apetito y de sueño, alteración de la actividad psicomotora (lentificación o agitación), falta de energía, sentimiento de culpabilidad e infravaloración, ideas de muerte, y dificultades con la concentración y la memoria. No son infrecuentes las quejas por dolor y otras molestias somáticas.

Puedes informarte en estos enlaces sobre los criterios diagnósticos del DSM-IV o los de la CIE-10.

Trastorno distímico.

Es muy parecido a la depresión mayor pero más leve y con una duración de al menos dos años. Akiskal ha distinguido dos tipos de distimia: uno similar a la depresión caracterizado por aparecer en la infancia o adolescencia en individuos introvertidos y obsesivos que suelen sentir fatiga, hipersomnia e hiperfagia y sentirse peor por la mañana. Suele existir algún antecedente depresivo familiar y un periodo acortado de latencia de la fase REM del sueño y responden bien a la medicación antidepresiva.

El segundo grupo suele darse en mujeres con personalidades histriónicas o límites que han presentado sintomatología fóbica o ansiosa y han tenido una historia de pérdidas importantes de seres queridos en la infancia. Y no suele responder bien a los antidepresivos ni presenta alteración de la fase REM.

Depresión doble.

Cuando una persona con distimia sufre en algún momento uno o más episodios de depresión mayor.

Depresión postparto.

El embarazo y las primeras semanas tras el parto son periodos de múltiples cambios para la mujer. Cambios corporales, hormonales, incluso afectivos y a nivel neuronal. Algunas zonas de la corteza cerebral de la mujer tras el embarazo sufren una disminución de materia gris (poda neuronal adaptativa) que aumenta la eficacia cognitiva y la empatía. Esta poda recuerda mucho a la que se produce en la adolescencia y va encaminada a ayudar a la  mujer a superar los retos que supondrá la maternidad y optimizar el desarrollo del hijo.

Pero a veces estos cambios pueden superar las expectativas y la capacidad de la mujer mostrando esta sintomatología de tipo depresivo, que si es leve y pasajera (los primeros 10 dias), se tratará del síndrome Baby blues, que afecta hasta el 80% de las recién paridas y suele evolucionar favorablemente, no durando generalmente mas de 24 horas.

Pero en un 10-15% esos síntomas depresivos pueden ser más intensos y persistentes o incluso aparecer en cualquier momento a lo largo del primer año tras el parto. Son síntomas de intensidad moderada en los que el pensamiento suicida es muy raro. El ánimo suele estar más alterado en horas vespertinas caracterizado especialmente por la sensación de desánimo, sentimientos de incapacidad y gran preocupación e inquietud por actuar negligentemente en los cuidados del bebé. Son también frecuentes las dificultades de concentración, tristeza, ansiedad, irritabilidad y quejas somáticas como dolor de cabeza o de abdomen.

A veces la sintomatología puede pasar desapercibida tanto a la madre como a su entorno. Es preciso estar atentos a estos síntomas ya que los efectos de unos meses de depresión de la madre pueden afectar de forma importante al desarrollo psíquico del niño.

Trastorno afectivo estacional o TAE.

También conocida como depresión invernal suele aparecer en el otoño y el invierno al disminuir la exposición a la luz solar. Se cree que en su origen pueden estar involucrados cambios en los niveles de melatonina y vitamina D, ya que esos neurotransmisores están relacionados con la síntesis de serotonina y dopamina en el cerebro.

Los síntomas suelen ser somnolencia, aumento de peso y del apetito (especialmente por los hidratos de carbono) y cansancio y falta de energía.

Con menor frecuencia se encuentran personas que padecen este trastorno a comienzos de primavera o verano. En este caso sufren problemas de falta de sueño, pérdida de apetito y peso y nerviosismo.

 

Y TRASTORNOS BIPOLARES:

En los trastornos bipolares o maniaco-depresivos las fases de ánimo deprimido se alternan con otras muy llamativas en las que la persona se muestra excesivamente feliz. Es lo que se denomina episodio o fase maníaca caracterizado por un ánimo anormalmente elevado, eufórico, a veces irritable y tenso. La persona presenta una alegría desmedida y frecuentemente una gran facilidad para el contacto que a veces se hace invasivo y pesado. La persona siente un increíble entusiasmo y energía en cualquier actividad que emprenda. No siente necesidad de dormir, habla sin parar gesticulando, sus pensamientos son rápidos y se distraen con facilidad. Se vuelven muy imprudentes con los gastos y las inversiones económicas sintiéndose capaces de realizar cualquier proyecto que se les ocurra. No suelen reconocer en este estado su trastorno, sintiéndose perfectamente frente a la alarma y preocupación de su familia y pareja. Solo cuando remite el episodio maníaco el individuo puede hacerse consciente de lo que ha hacho sintiendo a veces una intensa pena y vergüenza.

La edad media del primer episodio maníaco en el trastorno bipolar suele ser hacia los 30 años. El episodio suele comenzar bruscamente, con un rápido aumento de la intensidad de los síntomas en pocos días durando entre unas pocas semanas y varios meses.

Pueden aparecer tras un suceso estresante, cambios bruscos del ritmo de vigilia-sueño o el consumo de tóxicos. En la mayoría de los casos el episodio maníaco se ve sucedido por uno depresivo de forma inmediata. A veces se puede distinguir un patrón estacional, por ejemplo, maníaco en primavera y depresivo en invierno.

Son trastornos de larga duración y con un fuerte componente genético.

Trastorno bipolar I (con manía)

Se da un solo episodio maníaco o varios con independencia de si van seguidos o no de episodios depresivos.

Trastorno bipolar II (con hipomanía)

Se caracteriza por presentarse episodios depresivos mayores recurrentes y episodios hipomaníacos. La hipomanía se distinguía de la manía (según el DSM –III) por no requerir hospitalización. Más tarde el DSM-IV exige al menos 4 días de alteración anímica, cambios perceptibles por otros en su funcionamiento habitual, pero sin necesitar hospitalización, o no provocar deterioro social importante o no presentar ideas delirantes ni alucinaciones.

Trastorno ciclotímico

Anteriormente se consideraba un trastorno de personalidad, pero la diferencia con los que tienen variaciones del humor como el histriónico, límite o antisocial es la presencia de la alteración bifásica: depresión e hipomanía.

Se trata de un trastorno parecido al bipolar, pero con sintomatología más leve y continua. Son habituales los periodos breves de entre 2 y 6 días que alternan entre la hipomanía y la depresión.

Ya se trate de un trastorno depresivo mayor o un trastorno bipolar pueden ser clasificados también como:

 melancólico:

El síntoma principal es la anhedonia o pérdida de interés por casi todas las actividades y o incapacidad para experimentar placer. Predominan también los síntomas vegetativos como el despertar precoz, la pérdida de peso, enlentecimiento o por el contrario agitación psicomotora y peor estado de ánimo por las mañanas.

Atípico:

Si aparecen síntomas menos frecuentes como la hipersomnia, la agitación psicomotora, y el aumento del peso y el apetito.

Catatónico:

Cuando se observan síntomas muy llamativos como el estupor, la agitación, el negativismo o la ecolalia (El paciente repite una palabra o frase que acaba de oír o pronunciar el mismo)

O según su gravedad

Pueden ser especificados como ligeros, moderados o graves cuando haya un importante deterioro socio-laboral.

 

Francisco Porto

Psicólogo sanitario y Master en terapia de conducta

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