Trastornos de ansiedad

La ansiedad es un mecanismo defensivo que nos permite mantener nuestra integridad física. El mecanismo de la ansiedad está constituido por un conjunto de sensaciones desagradables y de tendencias a la acción que nos permiten detectar hechos que están ocurriendo o pueden ocurrir, para que podamos hacer algo al respecto.

La función de la ansiedad es movilizar nuestro organismo, activarlo, mantenerlo en alerta y preparado para actuar frente riesgos y amenazas. La ansiedad nos empuja a responder convenientemente a la situación percibida como un riesgo o peligro ya sea mediante el ataque, la huida o la paralización.

La ansiedad también puede surgir por la frustración de un proyecto o deseo vital para nosotros, o por un retroceso en nuestro estatus o nuestros logros, o por el miedo a la pérdida de lo que ya habíamos conseguido. Como decía Serrat, “No hay nada más bello, que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí”

La ansiedad, en su forma positiva nos permite planear la forma de afrontar una situación importante que percibimos como difícil o peligrosa impulsándonos para ejecutarla de una forma cuidadosa y eficaz.

También es conocido que un nivel moderado y manejable de ansiedad facilita la memoria. Si el nivel de ansiedad aumenta demasiado o se convierte en miedo, el rendimiento de la memoria y de ejecución de las tareas disminuye rápidamente después de alcanzar el punto de inflexión.

Sin embargo, a veces, el mecanismo de la ansiedad se puede alterar y distorsionar, disparándose en situaciones seguras e inofensivas, o a lo sumo, de escaso riesgo. De esta forma la ansiedad deja de ser adaptativa para convertirse en un problema que nos limita e incapacita, convirtiéndose en un trastorno que atenta de forma más o menos grave a nuestra salud. De hecho, la ansiedad es un síntoma que aparece en la inmensa mayoría de trastornos psicológicos y psiquiátricos.

Vamos a ver la diferencia entre la ansiedad y otros conceptos relacionados que a veces pueden dar lugar a confusión:

Estrés: Este término derivado del latín significa tensión, proviene de la física y se refiere a la fuerza que aplicada sobre un material puede deformarlo o romperlo. Se define como el proceso de activación fisiológica derivado de la valoración de una demanda externa y la percepción de nuestros propios recursos para afrontarla. Si del resultado de esa valoración resulta que la demanda desborda nuestros recursos aparece el estrés y no tiene por qué ser algo negativo. El estrés, al igual que la ansiedad es un proceso de adaptación al cambio que sufre cualquier ser vivo.

Puede ser de dos tipos:

Eustrés o estrés positivo que favorece una respuesta eficaz y adecuada ante una situación dada.

Distrés o estado de tensión, fatiga y desgaste como consecuencia de un funcionamiento exagerado y continuado del mecanismo natural de supervivencia ante estímulos externos adversos durante demasiado tiempo. Aparece la sensación de pérdida de control y si la situación se prolonga excesivamente puede originar trastornos psicosomáticos.

Vemos que el estrés se origina por factores externos, por situaciones o hechos específicos. En él predominan emociones como la preocupación, nerviosismo e irritabilidad. El estrés termina cuando desaparece el estresor. En cambio, en la ansiedad su origen es más difuso, está en un futuro que se imagina cargado de adversidades.

Angustia: El origen etimológico del término significa estrechez, mientras el de ansiedad es incomodidad. Ambos conceptos hacen referencia a dos aspectos del mismo fenómeno, la angustia a lo físico: el nudo en la garganta o la opresión en el pecho y la ansiedad se refiere más bien a los aspectos psíquicos, como la sensación de peligro inminente o catástrofe.

Miedo: Aquí tenemos que decir que miedo y ansiedad son dos emociones que producen reacciones fisiológicas muy parecidas, pero podemos encontrar diferencias claras: El miedo se produce por estímulos específicos, al igual que el estrés, y que pueden ponernos en peligro físicamente. En cambio, los estímulos que producen ansiedad pueden ser más subjetivos como por ejemplo, percibir o imaginar una amenaza para nuestros intereses o nuestra imagen social.

El miedo también puede aparecer de forma súbita, sin pensar, por ejemplo, si alguien nos amenaza con un arma o estamos a punto de tener un accidente. Es procesado de forma inconsciente a través del circuito corto tálamo-amígdala de forma muy rápida. En cambio la reacción ansiosa siempre está mediada por una valoración cognitiva de lo que ha ocurrido o puede ocurrir.

Pánico: Consiste en la súbita aparición de un nivel de ansiedad muy elevado o un miedo muy intenso. Pero su diferenciación con la ansiedad o el miedo no solo es cuantitativa. Podemos apreciar algunas diferencias: en primer lugar, cuando aparece, siempre hay una magnificación de las consecuencias de las sensaciones físicas que se interpretan de forma catastrófica. Por otro lado, el pánico puede aparecer de forma totalmente inesperada e impredecible con lo cual se puede instalar en la persona una sensación de incertidumbre y descontrol que se retroalimenta: el miedo al miedo. También son características la sensación de extrañeza del yo y la percepción de irrealidad.

Los síntomas de la ansiedad pueden clasificarse en distintos grupos:

SÍNTOMAS FÍSICOS:

Sudoración

Tensión muscular

Dolor de cabeza, embotamiento

Dificultades visuales (para enfocar la visión para leer, visión doble…)

Mareos e inestabilidad

Sequedad de boca

Nudo en la garganta, dificultades para tragar

Nauseas

Taquicardia y palpitaciones, opresión en el pecho

Dificultades respiratorias (ahogo, hiperventilación…)

Temblor

Alteraciones digestivas (ardor, dolor de estómago, diarrea, gases…)

Alteraciones del sueño, la alimentación y el deseo sexual

 

SINTOMÁS COGNITIVOS (del pensamiento)

Miedo a perder el control

Inseguridad

Preocupación

Dificultad para tomar decisiones, para analizar una situación

Dificultades de atención y concentración

Negatividad

Recelo, sospecha

 

SÍNTOMAS CONDUCTUALES

Evitar situaciones temidas

Estado de alerta, hipervigilancia

Tensión mandibular

Intranquilidad motora (rascarse, tocarse, mesarse el pelo o la barba, movimientos repetitivos)

Torpeza motora (se caen las cosas de las manos, tropezar con facilidad…)

Fumar, beber, comer o hablar de forma compulsiva

Andar de un lado para otro sin poder parar

Llanto frecuente

Ensimismamiento

Bloqueo, dificultad para expresarse

Gesto crispado

Irritabilidad

 

Entre los trastornos de ansiedad se encuentran los siguientes:

Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)

Trastorno de pánico

Agorafobia

Fobia Social o Trastorno por Ansiedad Social

Hipocondria

Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC)

Fobia Específica

Trastorno por Estrés Agudo

Trastorno por Estrés Postraumático

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