PROBLEMAS DE RELACIÓN

Los problemas de relación son uno de los motivos de consulta más frecuentes en un gabinete psicológico. Los humanos somos seres sociales por naturaleza; necesitamos a los demás desde el mismo origen de nuestra existencia. Ya antes de nacer dependemos de nuestra madre y mantenemos con ella la primera relación con otro ser humano, la más importante y que irá moldeando nuestra identidad, nuestra autoestima, nuestra manera de estar en el mundo y como serán las relaciones con los demás. Luego el padre y sucesivamente otros miembros de la familia irán completando esta primera relación.

Hay relaciones de tipo primario, es decir, basadas en un vínculo emocional, afectivo, y en el compromiso personal; son relaciones duraderas con un contacto directo y frecuente.

Otras relaciones son de tipo secundario, basadas en una asociación instrumental dirigida a conseguir algo, como la que tiene el cliente con un vendedor, el médico o enfermero con su paciente, etc. Estas relaciones son sustituibles e intercambiables, al contrario que las relaciones primarias.

Una relación sana debe estar basada en valores como el respeto, la equidad, la tolerancia, la armonía, la honestidad y la lealtad. Es también esencial saber usar una comunicación cordial pero eficaz para que nuestras relaciones puedan desarrollarse a partir de esos valores.

Desafortunadamente, no siempre es fácil mantener una relación adecuada o suficientemente buena con los demás. Pero si hay un momento en que esto es mucho más crítico, es en la relación entre los padres y el niño durante los primeros años de vida de este. Esta relación va a tener carácter de impronta recíproca y asimétrica; los padres, y especialmente la madre ya no volverán a ser los mismos desde la llegada del hijo, pero este quedará profundamente marcado por el estilo y la calidad de la relación de sus padres entre ellos y con él, sobre todo durante la primera infancia o puede que incluso antes del nacimiento.

Si la relación materno o paterno-filial ha fallado de forma importante es bastante probable que ese niño o niña vayan teniendo dificultades a lo largo de su desarrollo y luego como adultos en sus relaciones con los demás e incluso consigo mismo. La vida escolar, los amigos, las relaciones de pareja, las relaciones laborales y también su futuro papel como padre o madre, serán etapas y situaciones que van a depender de como haya sido esa primera educación emocional y afectiva del niño o niña. Esas relaciones podrán verse dificultadas o impedidas por emociones como la ansiedad, la vergüenza, la rabia, la ira o la culpabilidad.

Continuamente nos encontramos con pacientes que se quejan de excesiva timidez, de soledad o de sufrir o evitar las relaciones

Vamos a ir señalando y explicando brevemente los principales problemas, síndromes y trastornos que pueden producir problemas de relación:

LA BAJA AUTOESTIMA

La baja autoestima es un problema transversal que aparece en la mayoría de trastornos psicológicos. La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos y consta básicamente de dos aspectos: El autoconcepto y la autoimagen.

El autoconcepto

A nivel popular suele confundirse con la autoestima, pero no son exactamente lo mismo. El autoconcepto se define por las ideas, creencias, pensamientos que tenemos de nosotros mismos.

La autoestima es la valoración que damos a esos conceptos de nosotros mismos. Si es buena o positiva la autoestima será alta y si es mala o pobre será baja.

La autoimagen

Es la imagen o representación mental de como se ve la persona a sí misma. Consta de elementos físicos ( género, complexión, altura, color de pelo u ojos, voz, etc.) y otros como puede ser nivel de inteligencia, valor, tenacidad, etc.

La autoimagen se origina de tres fuentes principales: como se percibe a sí mismo, como lo perciben los demás y cómo piensa que lo ven los demás.

¿Cómo se origina la falta de autoestima?

Como comentábamos en la introducción de este artículo, los primeros años de la vida del niño son fundamentales en la construcción de una buena autoestima que permita en el futuro unas relaciones sanas y adecuadas.

En los tres primeros años el bebé debe construir su confianza; debe aprender que su madre volverá aunque haya desaparecido de su campo visual. Esa confianza le dará el coraje suficiente para animarlo a explorar su ambiente sabiendo que no se va a encontrar desamparado.

Si la madre es capaz de cubrir suficientemente las necesidades físicas y psicoemocionales del bebé, este crecerá aprendiendo a establecer unas relaciones, con los demás y consigo mismo, más sanas y seguras.

Los niños son esponjas que absorben todo tipo de información; cualquier mensaje o afirmación que se haga sobre ellos va a ser tomado literalmente, se va a incorporar como una verdad. Incluso pueden hacer deducciones de situaciones vividas con sus padres (esto es por mi culpa, soy malo, no merezco ser querido…) que se van incorporando a sus esquemas mentales y que van a influir su forma de percibir el mundo, de verse a sí mismos o a los demás.

Además, los niños imitan constantemente, de forma consciente pero también inconscientemente, las conductas, actitudes y creencias de sus padres. Un padre o una madre con mala autoestima va a constituir un mal ejemplo para sus hijos que hasta los 8 o 10 años van a ver muchas de esas formas de pensar y actuar como normales y correctas y por lo tanto las va a integrar como propias en la mayoría de los casos.

Hacia los 7-8 años el niño ya empieza a ser consciente de su propia autoestima, pero de forma rudimentaria; generalmente en forma de autoetiquetas dicotómicas o polarizadas: soy bueno o soy malo, soy inteligente o soy torpe.

Más tarde, durante la adolescencia, esa etapa tan crítica y compleja, todo lo que el niño ha ido integrando en su personalidad tiene que sufrir una adaptación. Su cuerpo cambia, descubre la sexualidad, empieza a valorar más la relación con sus iguales, a menudo, en contraposición a los valores familiares que había aceptado hasta entonces, generalmente, sin problemas; también tiene que irse preparando para la vida adulta con todo lo que conlleva; eso a veces se vive con impaciencia e ilusión, pero otras con mucho miedo y estrés.

Si el adolescente ha llegado a esta etapa con la suficiente salud emocional probablemente se sentirá capaz de relacionarse con los demás de una forma armoniosa; también se sentirá relativamente conforme con su imagen y tendrá alguna idea de la dirección que va a tomar estableciendo algunas metas y objetivos realistas. Alguien dijo que la adolescencia era como un nuevo nacimiento: el adolescente consolida en esta etapa su identidad y su cerebro está acometiendo un cambio importante en su maduración alcanzando nuevas habilidades intelectuales.

Pero si las cosas no han ido bien, el adolescente puede sentirse empujado al aislamiento o a una conducta rebelde y agresiva mostrando inactividad, conductas irrespetuosas o violentas, consumo abusivo de sustancias o conductas sexuales de riesgo.

Puede empezar a tener problemas con el perfeccionismo escondiéndose tras una máscara narcisista y cínica que lo llevará a comenzar muchas batallas con los demás.

Vemos que en la adolescencia comienzan a mostrarse los problemas psicológicos que se van a mantener luego en la edad adulta de forma crónica o que pueden presentarse tras algún evento muy estresante o traumático.

¿Qué síntomas presenta la baja autoestima?

Hipersensibilidad a la crítica ajena y tendencia a la autocrítica exagerada.

Inseguridad y dificultad para tomar decisiones.

Compararse continuamente con los demás y salir malparado de la comparación.

Sentimiento de inferioridad.

Dificultad para expresar opiniones.

Necesidad frecuente de aprobación.

Estar siempre a la defensiva.

Sentimiento difuso de infelicidad.

Incapacidad para tomar iniciativas.

Sentimientos de ser indigno de algo o de alguien.

Tendencia a sentirse culpable.

Pesimismo.

Fácil irritabilidad.

¿Cuáles son las consecuencias de la baja autoestima?

Aislamiento social.

Depresión.

Trastornos alimentarios como la anorexia, la bulimia, obesidad o trastorno por atracón.

Autolesiones, especialmente en la adolescencia.

Mayor susceptibilidad a la ansiedad y el estrés.

Pesimismo y derrotismo vital.

Trastornos psicosomáticos.

Insomnio.

Menos probabilidades de alcanzar éxito social y profesional.

Mayor riesgo de suicidio.

¿Cómo mejorar nuestra autoestima?

Según el psicólogo N. Branden, que dedicó su carrera a estudiar la autoestima, podemos mejorar nuestra autoestima mejorando estos 6 pilares:

1-      Vivir conscientemente

Respetando la realidad sin evadirse ni negarla cuando nos molesta o nos desagrada. La práctica del mindfulness puede ser de gran ayuda en esta tarea.

2-      Aceptarnos.

Aceptar nuestros pensamientos, sentimientos y conductas.

3-      Ser responsables

Responsabilizarnos de nuestras acciones y decisiones, de nuestros deseos, de la elección de nuestras amistades, de nuestro trato con los demás, de cómo nos cuidamos a nosotros mismos.

4-      Autoafirmarnos

Respetando nuestras necesidades y deseos. Esforzándonos en ser auténticos y defendiendo nuestras convicciones, valores y sentimientos.

5-      Buscar un propósito en nuestra vida

Nuestras metas y propósitos dotan de significado y estructuran nuestras vidas. Necesitamos establecerlos de forma realista y sensata; trazar un plan de acción y comprometernos con él siendo constantes y disciplinados.

6-      Ser íntegros.

Ser fieles a nuestros principios; ser congruentes en nuestros pensamientos, discursos y conductas. Respetar nuestros compromisos y promesas.

 

COMO AFECTAN LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD A LAS RELACIONES.

Los trastornos de personalidad son trastornos psicológicos que consisten en mantener un patrón cognitivo, emocional y conductual excesivamente rígido y poco saludable. La persona percibe y se relaciona con situaciones, personas o incluso consigo misma de forma disfuncional. Esto causa problemas en todos los ámbitos o esferas de su vida en mayor o menor medida: A nivel laboral, familiar, de pareja, social, etc.

Aquí nos vamos a centrar en el aspecto de las relaciones con los demás y consigo mismo. Vamos a ir viendo de qué forma afecta a estas relaciones cada trastorno de personalidad:

TRASTORNO PARANOIDE

Tienden a desconfiar y sospechar de los demás pensando que intentan dañarlos o engañarlos.

Imaginan fácilmente ofensas o insultos detrás de comentarios inocentes reaccionando frecuentemente de forma hostil ante esas ofensas percibidas.

Les cuesta mucho olvidar ofensas, son rencorosos.

Tienden a sospechar que sus parejas les son infieles.

 

TRASTORNO ESQUIZOIDE

Son personas solitarias, que no tienen interés en las relaciones sociales o personales.

Muestran una actitud distante e indiferente hacia los demás.

Su interés por las relaciones sociales es muy escaso o nulo.

Suelen mostrar un abanico limitado de emociones.

 

TRASTORNO ESQUIZOTÍPICO

Presentan un comportamiento cercano al de los esquizofrénicos.

Su forma de vestir, pensar, hablar y actuar suele ser peculiar. Pueden presentar respuestas emocionales inadecuadas.

Suelen sufrir ansiedad social y escasez de relaciones personales o íntimas.

Pueden mostrarse indeferentes o por el contrario muy suspicaces a los demás.

Pueden pensar que pueden influir con el pensamiento en los demás o en algún acontecimiento ser influidos por el pensamiento ajeno.

 

TRASTORNO ANTISOCIAL

Los sentimientos y necesidades de los demás les resultan indiferentes.

Violan continuamente los derechos de los demás.

Suelen caer en comportamientos agresivos y violentos.

Son temerarios poniendo fácilmente en peligro su seguridad o la ajena.

Muestran una gran irresponsabilidad.

Mienten, roban o estafan de forma recurrente.

 

TRASTORNO LÍMITE O BORDERLINE

Suelen tener relaciones inestables pero intensas.

Su ánimo cambia con mucha facilidad y rapidez.

Temen la soledad y a ser abandonados.

Se enfadan con facilidad y de forma desproporcionada.

Tienen ataques de ira frecuentes e intensos.

Pueden presentar ideaciones paranoides si están estresados

 

TRASTORNO HISTRIÓNICO

Necesitan constantemente ser el centro de atención.

Comportamiento exaltado, exagerado, teatral o provocativo.

Discurso dirigido a impresionar pero sin el respaldo de hechos o detalles.

Emociones exageradas pero superficiales y cambiantes.

Se preocupan en exceso por la apariencia física.

Fácilmente influenciable

 

TRASTORNO NARCISISTA

Creen que son más importantes que los demás, que son especiales.

No reconocen las necesidades y sentimientos de los demás.

Exageran logros y talentos.

Tendencia a explotar o aprovecharse de los demás.

Creen con frecuencia que son envidiados o sienten envidia hacia los demás.

Se muestran soberbios y arrogantes.

Pueden ignorar o despreciar a los demás si no los ven inferiores o no los necesitan.

Esperan admiración y halagos constantemente.

Tienen fantasías de poder, atracción o éxito, a menudo para evadirse de una realidad incómoda o desagradable.

 

TRASTORNO DEPENDIENTE

Tendencia a depender de los demás y a ser cuidados.

Conducta sumisa.

Miedo a cuidar de si mismos o a que los dejen solos.

Búsqueda de consejos o de que confirmen sus decisiones sobre asuntos cotidianos

Dificultad para expresar desacuerdo, o negarse a peticiones no deseadas.

Toleran fácilmente tratos ofensivos, abusivos o inadecuados.

Necesitan comenzar una relación rápidamente tras acabar otra

 

TRASTORNO POR EVITACIÓN

Excesiva sensibilidad al rechazo y a la crítica.

Evitación de profesiones y situaciones que impliquen contacto interpersonal.

Inhibición, timidez, aislamiento social.

Evitan actividades que impliquen contacto con extraños o grupos numerosos.

Miedo a la desaprobación o al ridículo.

 

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO DE LA PERSONALIDAD

No confundir con el trastorno obsesivo compulsivo  o TOC, que implica un trastorno de ansiedad caracterizado por pensamientos obsesivos y compulsiones o rituales. Aunque la existencia previa de una personalidad obsesivo compulsiva puede facilitar la aparición de un TOC.

Presentan una gran rigidez de pensamiento con tendencia a la obstinación.

Gran perfeccionismo y minuciosidad tanto en sus tareas como en las ajenas.

Inflexibilidad relativa a la moral o los valores.

Tienden a creerse más responsables y trabajadores, con un mayor nivel ético o moral que los demás.

Necesitan controlar a personas, tareas y situaciones.

Intentan que los demás hagan las cosas como ellos creen que deben hacerse.

Les cuesta mucho delegar tareas.

Tendencia al pensamiento rumiativo.

Les cuesta reunirse con amigos o hacer actividades que perciban como placenteras por considerarlas una perdida de tiempo imperdonable.

Son muy ahorradores y detestan los gastos innecesarios.