PROBLEMAS DE PAREJA

Los problemas de pareja suponen un porcentaje importante de los casos que tratamos en nuestra consulta. Multitud de pacientes acuden a terapia para solucionar sus problemas de pareja. Las problemáticas de la pareja abarcan un amplio conjunto de situaciones muy diferentes, pero a menudo interrelacionadas: la dependencia emocional, los celos, las dificultades o falta de comunicación, el sexo, los juegos de poder, la llegada o la educación de los hijos, la infidelidad, el duelo por ruptura sentimental o los problemas y consecuencias que causan la separación o el divorcio.

Los conflictos en la pareja suelen aparecer o agravarse en circunstancias estresantes; en cambios vitales, que pueden ser incluso positivos como un ascenso, la maternidad o paternidad esperada o la jubilación. Otros cambios estresantes que pueden generar problemas de pareja son una enfermedad grave o crónica, quedarse sin trabajo, afrontar la llegada de un hijo no deseado, o que los hijos se independicen (nido vacío).

Vamos a ir describiendo de forma escueta, como venimos haciendo en esta sección, los principales problemas y trastornos que nos encontramos relativos a las relaciones de pareja.

DEPENDENCIA EMOCIONAL

Es este el problema de pareja que nos encontramos con mayor frecuencia. Aunque se puede dar también en otros ámbitos como la familia, las amistades o en el trabajo aquí nos centraremos en la dependencia dentro de las relaciones de pareja.

Qué es la dependencia emocional

Según la definición que dio el psicólogo español Jorge Castelló, uno de los mejores especialistas a nivel mundial en este tema, la dependencia emocional sería un síndrome que se comporta en parte como un trastorno de personalidad y parte como una adicción; en este caso una adicción a una persona o a una relación. Es una necesidad afectiva extrema hacia la pareja, que aparece a lo largo de sucesivas relaciones. La dependencia emocional es mucho más frecuente en mujeres.

Características y síntomas de dependencia emocional

Necesidad excesiva de contacto, atención y afecto.

Miedo a la soledad y a no encontrar otra pareja.

Terror a la ruptura. Y si llega, los sentimientos de culpabilidad y soledad suelen empujar a la persona a retomar la relación.

Es frecuente que haya una actitud sumisa ante la pareja.

Tendencia a aislarse en la relación de pareja descuidando o abandonando relaciones de amistad o familiares.

Tendencia a adoptar las creencias y formas de pensar de la pareja ya que se le percibe como más inteligente, más culto o más seguro de si mismo.

Idealiza a la pareja, le cuesta mucho reconocer carencias, defectos o malas conductas y actitudes.

Se prioriza siempre a la pareja renunciando a lo que haga falta para no enfadarle o molestarle.

Patrón de relaciones de pareja asimétricas y desequilibradas.  Es la parte que aporta más y sale peor parada generalmente.

Suelen verse atraídas por personalidades narcisistas que se sienten halagados y admirados por su capacidad de entrega, pero que acaban aprovechándose de ellas. En otros casos el objeto de su dependencia son personas con problemas adictivos, de salud, económicos o que ya están en otra relación de pareja. En este caso hablaríamos de codependencia.

Causas de dependencia emocional

El factor más importante tiene que ver con las carencias afectivas en la infancia. El haber sufrido un apego inseguro o evitativo con la principal figura afectiva en la infancia, creará una tendencia a buscar en la edad adulta parejas sobre las que proyectar nuevamente aquel tipo de apego.

Tanto el apego inseguro como la dependencia emocional producen temor ante la posible pérdida del objeto de apego o la pareja, ansiedad de separación y búsqueda de proximidad.

Si la persona ha experimentado un apego evitativo durante su infancia tenderá a ver a las figuras de apego como inaccesibles, fríos y distantes. Lo que la llevará a redoblar todos sus esfuerzos para conseguir su atención y cariño. Tendiendo de esa manera a crear un autoconcepto negativo al considerarse personas no dignas de recibir amor ni capaces de realizarse por si mismas. Necesitarán siempre de alguien mejor que ellas a su lado para sentirse completas.

Otro factor puede ser la sobreprotección de los padres que refuerza las conductas dependientes en los hijos y fomenta también la creación de un autoconcepto débil al verse como incapaces y desvalidos.

El haber tenido relaciones traumáticas anteriores puede ser otro factor causal o de mantenimiento en la dependencia emocional. En la mayor parte de los casos la dependencia emocional funciona como un rasgo, es decir, se va creando desde la infancia. Pero puede haber casos en los que no haya habido carencias afectivas infantiles o estas hayan sido leves. Puede, entonces, que la dependencia emocional no se manifieste hasta haber sufrido una relación tóxica que haya debilitado de forma importante la autoestima de la persona. Estos casos suelen ser menos frecuentes y normalmente más leves que los anteriores.

Fases de la dependencia emocional

No tienen que producirse todas estas fases ni hacerlo necesariamente de forma lineal. Cada relación puede tener una dinámica particular, pero tenderá a repetir patrones que podremos identificar con estas fases de forma parcial o total según los casos.

Fase inicial de euforia

Se caracteriza por una ilusión desmedida idealizando tanto al otro como la propia relación. De forma excesivamente precoz el dependiente imagina proyectos comunes y como será su futuro compartido.

Subordinación

Continúa la euforia, la sumisión y la admiración por la pareja. Puede llegar la convivencia o el matrimonio y se van consolidando los respectivos roles de sumisión y dominancia.

La persona dependiente comienza a construir sobre los cimientos del otro. Progresivamente va diluyendo su identidad asumiendo como propios los intereses y creencias del otro, aunque pueda mantener parcelas de poder en algunos ámbitos en los que se considere competente. Esta fase es de duración muy variable, pero a menudo se mantiene durante un tiempo considerable.

Deterioro

Empiezan a ser visibles los defectos de ambas partes y puede cuestionarse la continuidad de la relación. La persona dependiente vive en constante estado de alerta y pueden aparecer celos, luchas de poder y pánico al abandono. Si se piensa en la ruptura aparecen pensamientos catastróficos y se va instalando la frustración, la ansiedad o la depresión, pero se prefiere a la ruptura que se identifica con vacío y soledad.

Ruptura

Son las personas dependientes que se encuentran en esta fase las que más acuden a terapia, generalmente tras ser abandonadas, aunque sea de forma temporal, por su pareja. Se sufre un terrible síndrome de abstinencia.

Empeoran los estados ansiosos y depresivos. Pueden aparecer trastornos del sueño y de la alimentación, y se ven afectadas las actividades laborales o académicas. Pueden alternarse ideas de victimización y culpa, o de idealización y demonización del otro.

A veces, las menos, es la parte dependiente la que se atreve a romper animada por su entorno. Pero el duelo siempre es complicado.

El duelo acostumbra a ser complicado.  El autoengaño es constante. Se magnifican los recuerdos felices, y se justifican o niegan los negativos por duros que fueran. Ronda la idea de la reconciliación o de mantener a la expareja como amigo.

Relaciones de transición

A menudo la aparición de otra persona “interesante” saca a la dependiente de su síndrome de abstinencia. La mayoría de las veces son relaciones para salir del paso, para cubrir el hueco, para evitar las sensaciones de vacío y soledad. Es frecuente ir probando con diversos candidatos que puedan llenar el vacío del ex. Esta etapa puede prolongarse en el tiempo hasta dar con la persona adecuada con la que reanudar el círculo y volver a la euforia e ilusión de los comienzos.

Reinicio del ciclo

Cuando aparece esa persona que supera el filtro dependiente, se vuelven a repetir los mismos patrones, aunque el contenido y los detalles puedan ser muy distintos. Entonces amigos cercanos y familiares comprobarán atónitos aquello de que, a rey muerto, rey puesto. Las conversaciones ya solo girarán en torno a ese ser radiante que llena su vida de nuevo.

Tratamiento de la dependencia emocional

La persona que llega a terapia aquejada de un problema de pareja y descubre que sufre dependencia emocional se pregunta si es posible “curarse” y cómo podrá evitar su dependencia en el futuro.

Aunque no sea fácil, es posible romper con los viejos patrones de dependencia emocional para poder mantener relaciones suficientemente sanas y satisfactorias. Para ello es indispensable tomar conciencia y comprender como funciona el trastorno.

Esa será la primera parte de la terapia. Luego hay que atajar los problemas más acuciantes según sea la fase del problema en la que nos llega el paciente. Este puede acudir a terapia quejándose de su pareja y la relación, pero sin aún haberse planteado la ruptura por insana o incluso tóxica que le resulte. Puede también que ya ha pensado en romper, pero que no se atreva. Otras veces llegan cuando la ruptura se ha producido y está sufriendo un duelo enormemente doloroso.

La terapia en cada una de esas etapas debe afrontar los problemas más acuciantes y que causan mayor sufrimiento: depresión, ansiedad, culpabilidad, miedo a la separación, a dañar a su pareja, desesperación, incertidumbre, soledad, etc.

A partir de ahí se mejorará la autoestima aprendiendo a valorar las propias capacidades y virtudes, se aprenderá a no necesitar excesivamente la aprobación de los demás. Suele ser también necesario entrenar al paciente en resolución de problemas y en asertividad (capacidad de defenderse ante los demás sin atentar contra sus derechos y sin sentirse mal por ello)

Otras actuaciones a lo largo de la terapia pueden ser el fomento de la autonomía, motivando al paciente a que afronte las cosas que pensaba que no podría hacer, mejorar la regulación emocional, aumentar la tolerancia a la soledad y a las emociones negativas, ayudar a afrontar y superar el síndrome de abstinencia de la pareja o entrenar al paciente en la prevención de recaídas.